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sábado, 22 de octubre de 2016

La convivencia entre árabes e israelíes existe en Israel | Por Israel

La convivencia entre árabes e israelíes existe en Israel | Por Israel: El conflicto entre los árabes y los judíos se circunscribe exclusivamente dentro del marco político creado por una corriente árabe, que no ha cambiado su opinión desde que las la Nacion

Los crecientes lazos de Israel y los países sunitas

Los crecientes lazos de Israel y los países sunitas

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Foto: yeowatzup Wikimedia CC BY 2.0
Yaakov Amidror
Un pacto en las sombras
Muchas de las naciones del mundo están mirando con sorpresa y admiración los vínculos cada vez más fuertes entre Israel y los países árabes sunitas más importantes de la región: no sólo la relación abierta con Egipto y Jordania, con los que Israel mantiene relaciones diplomáticas oficiales, sino también las relaciones informales con Arabia Saudita y los emiratos del Golfo.
Este cambio parece estar impulsado por tres factores principales: En primer lugar, estos países sunitas temen el creciente poder de Irán sobre el bloque chií, que pone en peligro la seguridad, así como la unidad de los estados sunitas. Hay un conflicto religioso ancestral entre la mayoría suní y la minoría chií; pero la minoría goza de la ventaja de un liderazgo único que está dispuesto a todo para cambiar el estatus de los chiís en el Medio Oriente. Este liderazgo, que se encuentra en Teherán, está encabezando orquestando y enfocando sus esfuerzos para liberar a los chiís en Yemen, Bahréin y Arabia Saudita, y defender de los chiís en Irak, Siria y el Líbano. El objetivo es crear una propagación ininterrumpida de chiís desde Teherán a través de Bagdad hacia Beirut.
Mientras tanto, Irán está tratando de socavar el dominio suní en el lado árabe del Golfo entre la península saudita e Irán: Arabia Saudita, con su minoría chií, en la región rica en petróleo; Bahréin, que padeció un intento de golpe chií; y Yemen, donde Arabia Saudita está luchando con la mayoría sunita contra la minoría de los hutíes apoyada por Irán.
El conflicto entre sunitas y chiís también tiene un aspecto nacionalista. Es imposible pasar por alto el hecho de que Irán está centrando sus esfuerzos exclusivamente en los países árabes. Esta lucha nacionalista se manifiesta también en los conflictos entre los mismos chiíes, especialmente en Irak, donde la ciudad de Najaf fue considerada una vez la ciudad chií más importante, pero desde entonces ha sido sustituida por la ciudad iraní de Qom.
Manteniendo el impulso
El segundo factor que alimenta las preocupaciones de los países sunitas es la amenaza del salafismo extremo dirigido por el grupo Estado Islámico. El acrónimo en árabe del grupo, Daesh, es sinónimo de “Estado Islámico en Irak y Siria”, pero hoy en día, la organización está activa en el Sinaí y en Libia, y también tiene secciones activas en África y en Europa, como la reciente ola de ataques terroristas lo puede indicar. Por lo tanto, el simple nombre de “Estado Islámico” puede ser más adecuado.
La expansión de las actividades del grupo supone una amenaza para los estados sunitas, porque ellos representan un enemigo de primer orden. En Egipto, la amenaza es aún más pronunciada gracias al despliegue del Estado Islámico en algunas partes del Sinaí y su colaboración con Hamas, la sección palestina de los Hermanos Musulmanes egipcios -los enemigos mortales de la actual dirigencia de Egipto-. En Jordania y en Arabia Saudita, el Estado islámico amenaza al régimen desde adentro, porque en ambos países existe una gran simpatía por el grupo entre diversos sectores de la población. Incluso si la coalición de naciones que trabajan actualmente para combatir al Estado Islámico logra disminuir drásticamente las áreas bajo su control en Irak y Siria, la ideología propagada por el grupo seguirá constituyendo una amenaza muy palpable para los países sunitas. Por otra parte, la coalición está teniendo problemas para mantener su impulso en contra del Estado Islámico, después de una serie de victorias importantes.
El tercer factor se deriva de la sensación general de que EE.UU. ha abandonado sus aliados, en un momento de necesidad, con la intención de reducir su participación en la región. En Egipto, este sentimiento se basa en el hecho de que Estados Unidos haya abandonado al depuesto presidente Hosni Mubarak y haya aparecido apoyando a los Hermanos Musulmanes. En Arabia Saudita y en el Golfo Pérsico, la frustración se deriva del hecho de que ven el acuerdo histórico entre Occidente e Irán, encabezada por EE.UU., como una capitulación estadounidense. Los países de la región se han sentido muy decepcionados con la conducta de EE.UU. hacia Mubarak, por un lado, y hacia el presidente sirio, Bashar Assad, que sigue masacrando sin inhibiciones a los sunitas, por el otro. Ellos se dan cuenta de que EE.UU.  no sólo ya no está más de su lado en la lucha contra Irán; sino que Washington espera de ellos que hagan concesiones a Teherán. Está claro para los estados sunitas, que alguna vez vieron a EE.UU. como una superpotencia cuya mera existencia era suficiente para detener cualquier amenaza que enfrentaran, que las cosas han cambiado profundamente. Incluso si EE.UU. sigue siendo una superpotencia, ha perdido la voluntad de utilizar su poder en el Oriente Medio. Además, cuando ejerce su poder, en la conducción de la coalición anti-Estado Islámico, toma medidas con moderación y extrema cautela. Y ahora, EE.UU. está forjando un compromiso con sus adversarios, como lo indica la débil respuesta estadounidense al aumento de la participación de Rusia en Siria.
La clave para mejorar las relaciones
Estos países están buscando a alguien que los ayude en este momento de necesidad. Israel es el único país de la zona cuya estabilidad no está en cuestión. Es un país fuerte, tanto económica como militarmente, y tiene la capacidad y la voluntad de defender sus intereses esenciales. Esta es la base de las florecientes relaciones entre Israel y estos estados sunitas – países clásicamente a favor del statu quo, en una región en constante cambio, que buscan un ancla para estabilizarse-. Israel puede servir como esa ancla. Es un matrimonio de conveniencia, no de amor; pero es una de importancia creciente.
La cooperación es clave para mejorar realmente estas relaciones, como me dijo un príncipe saudita que compartió recientemente conmigo el escenario en una conferencia en Washington.
“La combinación del dinero israelí y talento árabe puede tener un impacto positivo en cualquier región”, expresó en tono de broma. Pero detrás de esta oración hay una gran verdad. Israel puede proporcionar a esos países precisamente lo que les falta: seguridad, tecnología y mejoras enormes en las áreas de agua, agricultura y salud.
Sin embargo, una colaboración seria –una cooperación pública y sin trabas- entre Israel y esos estados árabes requiere un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos. No porque este tema sea caro a los corazones de los líderes sunitas; sino porque sin él, estos líderes perderían el apoyo de la calle, que es un imperativo si la relación ha de ser pública. Pero, por desgracia, los palestinos no tienen prisa para avanzar hacia un acuerdo de paz y en sus relaciones con Israel; por el contrario, el darse cuenta de que son la clave para la mejora de las relaciones de Israel con las naciones de la región sólo les hace subir la autoestima y les lleva a aumentar sus demandas.
La única manera de superar este obstáculo es cambiar el orden de los pasos: En primer lugar construir una relación que sirva como un paraguas integrador para los israelíes y los árabes sunitas, y luego conducir a los palestinos a entablar negociaciones de paz.
A diferencia del pasado, en la actualidad la mejora de las relaciones no es menos importante para los sunitas de lo que es para los israelíes. Pero el obstáculo palestino está en el camino. No está claro si las naciones árabes serán capaces de superar este obstáculo, a pesar de su evidente interés. Israel tiene que pensar en las formas en que puede ayudar a superarlo, teniendo en cuenta que esto podría ser una oportunidad histórica y sería una pena desperdiciarla.
Fuente: Israel Hayom

jueves, 13 de octubre de 2016

La nueva posición de China sobre el Oriente Medio


La nueva posición de China sobre el Oriente Medio


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Mapa de "Una zona, un camino" - Fuente Wikipedia
Roie Yellinek
En enero de este año, poco antes de la visita del presidente de China, Xi Jinping, a Oriente Medio, Arabia Saudita ejecutó el clérigo chií Nimr Baqr al-Nimr por “intentar implicar a potencias extranjeras en los asuntos del reino, desobedecer las leyes del Reino, y la posesión de un arma”.
Irán, representante del poder chiíta y viejo rival de Arabia Saudita, denunció con amargura la ejecución. La tensión siempre presente entre los dos estados se acentuó aún más, poniendo en peligro la visita china.
Esta no era la primera vez que una planeada visita a Oriente Medio por el presidente chino había sido puesta en riesgo antes de tiempo. De hecho, se supone que la visita iba a tener lugar en la primavera de 2015, pero fue cancelada y reprogramada debido a los combates en Yemen entre Arabia Saudita y los protegidos chiítas de Irán, los huthíes.
Este año, a pesar de las tensiones chiítas y sunitas en curso, el viaje siguió adelante, con el presidente Xi visitando Teherán, Riad, y El Cairo. Desde que asumió la presidencia hace tres años, Xi había visitado casi todas las áreas del mundo, aparte de Oriente Medio. Una segunda cancelación podría haber sido vista como la expresión de una falta de respeto para la región, y podría haber afectado a los intereses económicos de China.
Esta no fue, sin embargo, la única motivación detrás de la decisión de seguir adelante con la visita – en particular durante un aumento en las tensiones entre los dos estados más fuertes en el Golfo, la sunita Arabia Saudita y la chiíta Irán. La visita representó una oportunidad para que los líderes chinos presenten su nuevo enfoque, que insta a “hablar con todas las partes y negociar con todos los estados.”
Las tensiones entre Irán y Arabia Saudita no produjeron la cancelación de la visita, pero dieron lugar a cambios en la programación. Una visita a los Emiratos Árabes Unidos fue sustituida por una visita a Irán, destacándose el hecho de que el presidente chino fue el primer líder en visitar Irán después del levantamiento de las sanciones. Al mismo tiempo, China expresó públicamente su apoyo al gobierno de Yemen – el aliado de Arabia Saudita – en su guerra con los proxis huthíes de Irán.
China está preocupada por el conflicto entre los países árabes entre chiítas y sunitas. La región del Golfo, habitada como está por miembros de ambas afiliaciones islámicas, ofrece a China con una tercera parte de su suministro de gas natural y el 52 por ciento de su suministro de petróleo, mientras que espera la duplicación de su uso para el año 2035. Cualquier agravamiento del violento del conflicto entre sunitas y chiítas, amenaza con paralizar la economía china.
El interés de China en la región también está reflejado en la intención de la presidencia de China. La iniciativa “Un zona, un camino”, busca vincular China a Europa a través de las rutas más cortas posibles, incluyendo el Medio Oriente. El objetivo de la iniciativa es obtener acceso a nuevos mercados para los productos chinos. Este es uno de los proyectos más ambiciosos de la historia humana, y su coste se estima en varios cientos de miles de millones de dólares.
Cualquier conflicto violento en Oriente Medio podría dañar seriamente esta iniciativa y arrasar con la enorme inversión. El liderazgo chino entiende que no puede borrar los inmensos conflictos entre árabes que afligen a Oriente Medio, pero puede ayudar a preservar el status quo y evitar su deterioro. Parecería que la visita del presidente chino en este momento de tensión pretende transmitir este mensaje.
Más allá de dar seguimiento a la visita presidencial, China está tomando medidas para mantener la estabilidad y reducir las tensiones islámicas mediante la creación de vínculos entre las dos partes. Está promoviendo iniciativas conjuntas entre chiitas y sunitas, como el gasoducto de gas natural que pasa a través de Irán y Afganistán, que dan a cada una de las partes un interés común en la minimización de los conflictos. China ha tomado medidas similares en otros lugares, también, por ejemplo, mediante la vinculación de la provincia de Xinjiang en el noroeste de China, con la chiita Teherán a través de un tren de alta velocidad que pasa por los estados sunitas de Asia Central como Kazajstán, Uzbekistán y Turkmenistán.
Otro aspecto de la nueva política de Medio Oriente de China es la legislación aprobada en diciembre el año 2015 que permite al ejército chino llevar a cabo operaciones antiterroristas fuera de las fronteras chinas, con acuerdo del país en el que las operaciones se llevarán a cabo. Esta ley abre el camino para que China desempeñe un papel más significativo en la lucha contra el Estado Islámico o cualquier otra organización que perjudique la estabilidad internacional, en lugar de limitarse a proporcionar tropas para las fuerzas de paz de la ONU.
La ley podría haber sido pasada para permitir que China desempeñe un papel mucho más prominente en el Medio Oriente, pero esta motivación no puede ser asumida. La legislación podría ser poco más que buenas palabras a los esfuerzos internacionales para mantener la estabilidad global.
El anuncio de la creación del Foro de Paz en Oriente Medio, que se creará de forma conjunta por la Fundación de China Oriente Medio para la Paz y el Desarrollo (MEFPD) y el Foro de Cooperación China- Estados Árabes, es otro indicio de la nueva política china en el Oriente Medio. Qin Yong, el secretario general de MEFPD, expresó que este es un paso en el camino hacia el cumplimiento de la declaración hecha por el presidente de China a la asamblea general de la Liga Árabe en enero de este año: “Tenemos que promover la paz y lanzar el desarrollo en el Medio Oriente”. Qi Qianjin, Ministro Consejero de la Embajada de China en el Cairo, amplió la idea: “la paz y el desarrollo están relacionados entre sí, y lo desean todas las naciones del mundo. Esta iniciativa [en inglés conocida como One Belt, One road -Una zona, Un camino] puede contribuir en gran medida al desarrollo de la región”.
Todas estas acciones chinas apuntan a un cambio en su enfoque de Oriente Medio. La región sigue siendo sumamente importante para China, que sigue siendo profundamente dependiente de la energía. También es un escenario en el que China puede demostrar su poder y capacidades en el escenario global. Estas capacidades se expresan principalmente en el comercio y en el mantenimiento de las relaciones con los países en conflicto unos con otros, como Irán y Arabia Saudita o Israel y el mundo árabe. China también está tomando medidas prácticas, tales como la construcción del gasoducto Irán-Afganistán, para templar las tensiones entre chiíes y suníes.

Fuente: BESA Center

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Israel insta a EEUU y Europa a mejorar las relaciones con Sudán





Israel insta a EEUU y Europa a mejorar las relaciones con Sudán


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Foto: Marina de EE.UU. Jesse B Await. Dominio Público

Israel ha instado a Estados Unidos y a los países europeos a que mejoren sus relaciones con Sudán, luego de que Jartum se distanciara de Irán y se acercara al bloque de países árabes sunitas dirigidos por Arabia Saudita.
Un alto funcionario del Ministerio de Exteriores de Jerusalén le dijo al diario Haaretz que cree que Sudán rompió relaciones con Irán hace aproximadamente un año y detuvo el contrabando de armas hacia Gaza.
Según el reporte, diplomáticos israelíes instaron al subsecretario de Estado, Tom Shannon, que realizó recientemente su primera visita a Israel, a aumentar su cooperación con Sudán.
Sudán pidió al gobierno norteamericano que lo saque de la lista de países que patrocinan el terrorismo. Los diplomáticos israelíes transmitieron a EE.UU. que si bien no esperan que cese el embargo con Sudán; alientan a mejorar las relaciones, indicó el rotativo.
Sudán, un país africano de mayoría sunita, ha asistido frecuentemente a los enemigos de Israel. Albergó durante años una comandancia de Hamás y mantuvo alianzas con Irán y el grupo terrorista libanés chií Hezbolah. Irán usó a Sudán como una base para transferir armas de contrabando a Gaza y construir una fábrica de misiles de largo alcance para los grupos terroristas palestinos.
El gobierno sudanés acusó a Israel de una serie de ataques aéreos contra caravanas de armas y otros blancos en ese país, entre 2008 y 2014.
El año pasado anunció que cortaría sus lazos con Irán tras la ejecución de un clérigo chií saudita, que inflamó la tensión en la región.
En marzo de 2015, Sudán se unió a la coalición contra los rebeldes chiís hutíes en Yemen; a pesar de que está combatiendo a la insurgencia en su propio país.
En agosto de ese año, Jartum recibió un depósito de mil millones de dólares de Arabia Saudita, destinado a apoyar sus reservas en moneda extranjera.
El presidente, Omar Bashir, que ha gobernado Sudán desde hace 26 años, ha sido sancionado por abusos a los derechos humanos y por su apoyo a los extremistas islámicos, entre ellos a Osama bin Laden.
Bashir está acusado de crímenes de guerra por la represión de la insurgencia en la región occidental de Darfur.
Las relaciones con los países del Golfo se habían deteriorado gravemente, por el apoyo que Sudán dio a la invasión iraquí a Kuwait, en 1990, empujando a Jartum hacia Irán, también aislado y acosado por las sanciones.
Según los reportes, Teherán suministró a Sudán armas livianas y municiones y le ayudó a desarrollar una industria militar.
Pero la asociación se amargó en septiembre de 2014, cuando los oficiales sudaneses ordenaron el cierre de un centro cultural iraní en Jartum, tras acusar a sus empleados de predicar el islam chií entre la mayoría sunita de Sudán.
El cierre vino con el fracaso económico, tras cerca de veinte años de sanciones, una situación que se exacerbó con la independencia de Sudán del Sur en 2011, que le quitó al país las tres cuarta parte de sus reservas de petróleo.
La subsecuente eliminación de los subsidios al petróleo aplicados por el gobierno de Jartum desató graves protestas en septiembre de 2013, amenazando seriamente al régimen de Bashir.